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Bioeconomía Circular

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Por Javier Velasco, Delegado de la Comisión de Biotecnología Industrial de ASEBIO

javier velasco2La basura es sólo un fallo de diseño. Si un producto genera residuos es porque estaba mal diseñado desde el origen. Esta es la filosofía que subyace en el concepto de Economía Circular.

La Comisión Europea ha estimado que si se toman medidas como la mejora del diseño ecológico o la prevención y reutilización de los residuos, las empresas de la UE se podrían ahorrar hasta 604.000 millones de euros y, de paso, reducir las emisiones totales anuales de gases de efecto invernadero entre un 2 y un 4%. En conjunto, si se adoptaran medidas para mejorar la productividad de los recursos en un 30% se podría elevar el PIB europeo casi en un 1 %, y se crearían más de dos millones de nuevos empleos para 2030.

En las últimas décadas las economías desarrolladas han seguido un modelo lineal de «extraer, producir y tirar», es decir, un modelo en el que todos los productos acaban llegando al «final de su vida útil». En la UE, se utilizan cerca de 15 toneladas de materiales por persona cada año; al mismo tiempo, cada ciudadano de la UE genera más de 4,5 toneladas de residuos al año de media de los cuales casi la mitad termina en vertederos.

Esta economía lineal, basada exclusivamente en la extracción de recursos, ya no es una opción viable y lo será menos en el futuro con una población creciente y cada vez más rica que demanda cada vez más unos recursos escasos y está provocando la degradación del medio ambiente. Los metales, los minerales, los combustibles fósiles, los alimentos y piensos, el agua limpia y la tierra fértil son cada vez más escasos y caros.

Para hacer una transición hacia una economía circular, hay que volver la vista hacia la reutilización, reparación, reacondicionamiento y reciclaje de materiales y productos ya existentes y la mejor manera de entender la economía circular es fijarnos en los sistemas vivos naturales, que funcionan de forma óptima porque todos sus componentes encajan en el conjunto. El diseño de los “productos” está perfectamente adaptado a aprovechar al máximo los ciclos de los materiales. Como resultado, el flujo de componentes orgánicos conserva su valor durante el mayor tiempo posible, con un residuo remanente prácticamente nulo.

Pero, ¿y si planteamos los procesos industriales como si fueran ciclos naturales? ¿Y si lo que solíamos llamar «basura» lo convertimos en una materia prima?

Gracias a los procesos de biotecnología industrial esto empieza a ser posible. Para la descomposición de la “basura orgánica” en sus componentes básicos (azúcares, aminoácidos, ácidos grasos, etc) se necesitan tratamientos físicos y químicos pero las “herramientas biológicas” juegan un papel fundamental. Ya se producen enzimas que degradan eficientemente la biomasa vegetal para generar azúcares que algunos microorganismos seleccionados consumen eficientemente y los convierten en productos de mayor valor como biocombustibles, productos químicos básicos, ingredientes alimentarios, etc.

En España, las iniciativas sobre economía circular son incipientes y hasta ahora las medidas adoptadas han estado centradas, sobre todo, en las políticas ambientales de la fase final del ciclo econó­mico, tal como es la gestión de los residuos, donde se cuenta con un Plan Estatal Marco de Gestión de Resi­duos (PEMAR, 2016-2022) a medio plazo, aunque, por otro lado, también se abren nuevas perspectivas para los bioprocesos con la Estrategia Española de Bioeco­nomía Horizonte 2030.

La Bioeconomía, entendida como el conjunto de las actividades económicas que obtienen productos y servicios y que generan valor económico utilizando como materia prima recursos de origen biológico, ofrece grandes oportunida­des en España para la economía circular y el cierre de ciclos bioló­gicos, dado el potencial agroalimentario y la disponibilidad de espacios geográficos.

Es por ello que la Estra­tegia Española Horizonte 2030, confiere a los sectores agroalimentario y forestal un papel fundamental hacia la utilización eficiente y sostenible de los pro­ductos, subproductos y residuos que generan. Se estima del orden de 159 millones de t/año la biomasa producida en España, incluyendo la derivada de los cultivos agrícolas, la actividad forestal, la indus­tria alimentaria o la industria de la madera, del papel y del textil, los residuos animales y la fracción orgánica de los residuos sólidos urbanos.

Pero además de los sectores generadores de biomasas otro agente clave en la implantación de la Bioeconomía Circular son las empresas y Centros de I+D que desarrollan bioprocesos basados en mi­croorganismos y enzimas para valorizar esas materias primas. El objetivo de las administraciones públicas debe de ser fomentar las empresas innovadoras, más competitivas y eficientes, consolidando una economía más diversificada y medioambientalmente más sosteni­ble para ir avanzando en la transición hacia la economía circular.
Como indica un documento reciente del Bio-based Industries Consortium “la Bioeconomía es Circular por naturaleza” y por tanto el desarrollo de la Economía Circular tiene que ir paralelo al desarrollo de la Bioeconomía ya que facilita el reciclaje y el uso eficiente del carbono generando productos y materiales renovables y sostenibles.

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