Cómo ahorrar energía (y sofocos) en casa en verano

Carlos Castro. Arquitecto, Responsable Técnico de Aislamiento Térmico de Danosa

Carlos Castro. Arquitecto, Responsable Técnico de Aislamiento Térmico de DanosaEl verano está a la vuelta de la esquina. En escasos días comienza esa época del año que todos estamos deseando que llegue porque es sinónimo de vacaciones. No obstante, otros temen la llegada de las altas temperaturas porque con ellas llega también un mayor gasto de energía en el hogar. Sí, en muchas viviendas de España el calor se nota intensamente y hace muy difícil (a veces imposible) la vida en el hogar, el relax y el descanso. Noches sin dormir, duchas a todas horas para rebajar la temperatura corporal, ventanas abiertas todo el día... A muchos les sonarán estas conductas, pues es el peaje que tienen que pagar si no quieren pagarlo de otra manera: en la factura de la luz.

La falta de un aislamiento térmico en el 99% de los hogares españoles no solo se nota en invierno; en verano sucede lo mismo pero a la inversa. Es decir, para aplacar el calor, los ciudadanos tienden a poner el aire acondicionado lo más bajo posible o a tener ventiladores u otro tipo de aparatos refrigeradores enchufados la mayor parte del día, lo que se traduce en un aumento considerable de la factura de la luz. Porque por cada grado de variación del termostato la factura se encarece hasta un 7%; echen cuentas a final de mes.

Por lo tanto, en verano los españoles tienen el mismo dilema que en invierno: o pasan calor o hacen un agujero en el monedero. Pero la solución no tiene por qué ser tan drástica. De hecho, es más sencilla de lo que parece y mucho más lo será en el futuro –o desde ya mismo-, pues las últimas tendencias y preceptos arquitectónicos se basan en un control de la energía del hogar de forma que los edificios sean poco demandantes de energía, de modo que la temperatura se regulará por sí sola gracias a las últimas soluciones de aislamiento térmico. Actualmente, los edificios son considerados los verdaderos depredadores energéticos, ya que consumen el 28% del total de energía que consume España. Un porcentaje que tienen que reducirse sí o sí, pues las directrices europeas así lo marcan y, además, porque el planeta no podrá sostener durante mucho más tiempo este inmenso derroche de energía.

Aislar para ahorrar

Una vez analizado el problema, es momento de ver qué se puede hacer para solucionarlo desde el punto de vista arquitectónico. El mayor problema que tienen las viviendas españolas es la intensa radiación solar propia del clima mediterráneo. Una radiación que debería aprovecharse para proveer al país de energía sin necesidad de importar petróleo en las cantidades actuales, pero esa es otra cuestión.

Esta fuerte radiación puede ser contrarrestada con un adecuado aislamiento, pues su instalación supone una importante reducción de la demanda de energía, lo que supone a su vez una rebaja del gasto en electricidad. Pero no solo se trata del aislamiento. También hay que utilizar criterios adecuados en el diseño, construcción y uso de la vivienda con el objetivo de mantenerla relativamente fresca en verano sin necesidad de refrigeración mecánica. Porque no nos engañemos; en verano hace calor y es normal que en las casas se note. No podemos pretender tener la casa más fría en verano que en invierno. La temperatura ideal y recomendada en el hogar en invierno debe situarse en los 20ºC, pero en verano debe estar en 26ºC. Pasar en invierno por encima de los 22ºC o en verano por debajo de los 24ºC no es recomendable ni para la salud ni para el bolsillo.

Volviendo a la problemática de la intensa radiación, no podemos pasar por alto por llamativo el caso de la cubierta –el tejado-. Esta recibe la radiación solar de forma directa desde el amanecer hasta el anochecer, lo que supone que la temperatura de las tejas o del material que quede expuesto al sol puede llegar, dependiendo del color, a una temperatura de entre 50ºC y 90ºC. Este sobrecalentamiento se deja sentir en toda la vivienda, provocando ese ‘efecto horno’ que hace insoportable estar en casa. Pues bien, con unas planchas aislantes colocadas bajo la teja es posible que la temperatura no oscile más de seis grados en el periodo estival. Es decir, con esta protección térmica (con unas temperaturas máximas diurnas de entre 32ºC y 38ºC y nocturnas de entre 18ºC y 24ºC) se puede mantener la temperatura dentro del hogar entre los 24ºC y los 30ºC en verano sin necesidad de encender el aire acondicionado. Sin aislamiento, esa temperatura puede llegar a los 35ºC y más: un auténtico horno.

Teniendo en cuenta estos cálculos, es normal que los ciudadanos pongan el aire acondicionado al máximo si no quieren que su salud y descanso sufran durante los meses de calor. Pero el coste es elevado. Y no solo para la economía de las familias, sino también para el medio ambiente. Reducir el gasto energético es reducir la emisión de CO2 la maltrecha atmósfera, por ello, teniendo en cuenta que el aislamiento puede reducir con facilidad un 70% el gasto en electricidad, podemos determinar que reducirá en la misma proporción la emisión de gases contaminantes.

La nueva arquitectura pasa por evitar el derroche energético

Como acabamos de ver, tener una buena climatización en casa es posible sin tener que pagar una factura astronómica, pero para ello tanto la sociedad como los poderes públicos y el sector de la construcción y la arquitectura deben concienciarse para dar paso a un nuevo modelo de arquitectura sostenible, eficiente y respetuosa con el medio ambiente. Hay que hacer entender a los ciudadanos que invertir en un buen aislamiento térmico supone un ahorro a la larga, y sobre todo, bienestar y confort en las viviendas. Y hay que hacer entender a las administraciones que promover una construcción sostenible y de calidad es imprescindible para asegurar el futuro del país y del planeta.

Ahí están movimientos como la Plataforma de Edificación Passivhaus alemana, de la que Danosa es patrocinador técnico, que propone una nueva arquitectura que convierta a los edificios en poco demandantes de energía, lo que puede reducir en hasta un 90% las necesidades energéticas del edificio o vivienda. De este modo, los veranos no serán un infierno en casa, sino una bendición.

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