Potenciando el papel del usuario para reducir el consumo de los edificios

Por Andrea Conserva. Investigador del Área de Sostenibilidad y Uso de la Energía. CIRCE

Aunque en los últimos años se ha avanzado mucho en eficiencia energética, el sector de la construcción, y más concretamente la fase de operación de los edificios, todavía cuenta con un largo camino que recorrer. En Europa, el sector residencial es todavía responsable de una proporción considerable de consumo energético, con un 29% del consumo energético final. Dentro de dicho consumo, la climatización representa aproximadamente el 66% del uso total de la energía en casa, siendo el principal gasto energético para la mayoría de las familias.

Los avances tecnológicos en nuevos aparatos electrónicos y sistemas de climatización más eficientes, automatizados y domotizados, abren nuevas posibilidades de ahorro energético en todo tipo de edificios. Pero a pesar de ello, las mayores condiciones de confort exigidas y el uso impropio de estos equipos hace que muchas de estas medidas pierdan toda su efectividad. Además, los nuevos edificios y los que se construirán a partir del año 2018 y 2020 según el concepto de Edificios de Energía Casi Nula cuentan con un potencial que está siendo desaprovechado por parte de los usuarios o que se está utilizando de forma incorrecta.

Retos sociales:
Los usuarios desempeñan un papel fundamental en el camino hacia un consumo mínimo de energía en los edificios. Sin embargo, existen retos sociales que es preciso vencer para que se dé una reducción efectiva a gran escala de dichos consumos.

Por un lado, se encuentran los aspectos técnicos, entendiéndose como tales un desconocimiento de la procedencia de todos sus consumos o la carencia de habilidades para interpretar si dichos consumos son excesivos. Por otro lado, tampoco son conscientes de cuánto o cómo pueden afectar sus hábitos sobre los consumos, ni si los que están adoptando son eficientes, pudiendo darse el caso de estar aplicando medidas que son contraproducentes. De este modo, existe un gran número de soluciones para ahorrar energía y dinero de forma sencilla y rentable al alcance de todo el mundo que están pasando desapercibidas por ese desconocimiento.

Otro aspecto que puede estar frenando una mayor efectividad de la eficiencia energética por parte de los usuarios son los aspectos económicos. Por lo general existe una falta de incentivos y de recursos económicos, que impiden poner en práctica medidas que conlleven un coste económico. Este hecho se da fundamentalmente para los propietarios y gestores de los edificios. Cuando se trata de usuarios que utilizan edificios de terceros, por ejemplo, en el caso de edificios públicos, estos usuarios no tienen un incentivo personal que les conduzca a hacer un mejor uso de la energía / recursos, al no ser ellos los que tienen que hacer frente a las facturas.

Enlace con estos proyectos
Muchos proyectos de eficiencia energética abordan precisamente este aspecto, tratando de influenciar en el comportamiento energético de los inquilinos y usuarios de los edificios.

Este es el ejemplo de dos proyectos del centro de investigación CIRCE, especializado en la eficiencia energética en la edificación. Dos de sus proyectos, FIESTA y TRIBE, ambos financiados por la Comisión Europea, buscan propiciar un cambio de actitud en las personas hacia comportamientos más eficientes energéticamente, que conduzcan a un menor consumo de energía final del edificio.

Estos proyectos están dirigidos a públicos distintos, por lo que los mecanismos y herramientas de los que se valen para alcanzar sus objetivos son diferentes.

El proyecto FIESTA
El proyecto FIESTA (Family Intelligent Energy Saving targeted Action) es una iniciativa dirigida al sector residencial. El proyecto, que ha finalizado recientemente, ha buscado conseguir ahorros energéticos y económicos en hogares. Para ello, el proyecto ha incidido tanto en conductas de consumo energético como en la toma de decisiones, con especial sensibilidad hacia las categorías más vulnerables de consumidores (familias en viviendas sociales). Esta iniciativa se ha desarrollado simultáneamente en 14 ciudades de 5 países europeos, tomando parte como pilotos españoles las ciudades de Pamplona, Logroño y Zaragoza.

En primer lugar, el proyecto ha buscado ayudar a entender a los ciudadanos cuánta energía usan y a evaluar si el consumo es excesivo. En las ciudades participantes se han habilitado puntos de información para atender las consultas de todos los ciudadanos, siendo algunas de las dudas más frecuentes las relacionadas con la comprensión de la factura de la luz, la optimización de la potencia o la tramitación del bono social.

Otro tipo de actividades organizadas han sido talleres, jornadas informativas, materiales audiovisuales de divulgación, e incluso loterías con productos y electrodomésticos más eficientes.
Adicionalmente, las familias más involucradas en el proyecto han recibido una auditoría energética gratuita (150 por cada ciudad), llegando a haber realizado más de 2000 auditorías en toda Europa (cerca de 600 solo en España).

Con todo esto las familias han sido informadas sobre cuánta energía podrían ahorrar y la sencillez con la que en muchos casos se podría llegar a conseguir. Además, las auditorías han guiado a las familias hacia decisiones de inversión más rentables y con un bajo periodo de retorno económico, informándoles del potencial de ahorro energético alcanzables por cada medida de eficiencia propuesta. En total se ha estimado que las acciones del proyecto han permitido ahorrar más de 500.000 kWh de energía y evitar la emisión de 137 toneladas de CO2.

El proyecto TRIBE
TRIBE (Training Behaviours Towards Energy Efficiency: Play it!) está dirigido a un público diferente: los usuarios de los edificios públicos. Este proyecto busca contribuir al cambio de comportamiento de los ciudadanos cuando están utilizando este tipo de edificios, a través de su participación en un videojuego sobre eficiencia energética.

El videojuego muestra a estos usuarios el impacto que su comportamiento ocasiona en el consumo de energía del edificio, qué medidas pueden adoptar para reducirlo y la cantidad de energía, emisiones de CO2 y coste que estas medidas permiten ahorrar. Para dotar el juego de un mayor realismo y que los jugadores puedan conocer con exactitud el funcionamiento energético de los edificios, TRIBE está basado en datos reales de consumo y ambientales de cinco edificios piloto en los cuales ha sido instalado un sistema de monitorización basado en tecnología TIC. Estos pilotos han sido dos edificios de oficinas, un colegio, una universidad y un bloque de viviendas sociales. Además, los “avatares” que los jugadores pueden controlar dentro de estos edificios se han diseñado teniendo en cuenta, a través de estudios psicológicos y sociales, los hábitos energéticos de los usuarios reales de cada edificio (estudiantes de secundaria, universitarios, empleados de oficinas, etc.).

Por otro lado, el proyecto ha analizado el potencial de ahorro energético, de emisiones de CO2 y económico de un total de 250 medidas que se pueden adoptar en estos tipos de edificios para mejorar su eficiencia energética y reducir sus consumos. El estudio, que ha incluido también la estimación de la inversión necesaria para implementar estas medidas, ha sido realizado principalmente a través de herramientas de simulación basadas en motores de cálculo energético y los resultados obtenidos se han incorporado posteriormente a la base de datos del videojuego.

De este modo, los jugadores deben conseguir trasformar un edificio inicialmente ineficiente en uno de bajo consumo gracias a la correcta implementación de las 250 medidas de eficiencia, empezando con las que requieren baja inversión (basadas en la adopción de hábitos de uso eficientes) y terminando con aquellas que requieren una inversión más alta y un periodo de retorno más largo (instalación de aislamiento térmico, mejora de los sistemas HVAC, etc.). Al mismo tiempo, ellos también aprenderán de una forma lúdica, todo el potencial del que disponen para mejorar la eficiencia energética y los consumos de los edificios públicos que frecuentan cada día, además, que poder aplicar estos conocimientos también en sus edificios privados.

En resumen, ambas iniciativas muestran medidas que van desde pequeños gestos hasta grandes inversiones para hacer del interior de los edificios espacios más confortables y fáciles de climatizar. Sin embargo, simplemente adoptando algunos hábitos y cambiando los patrones de consumo en sus vidas diarias es posible ahorrar energía y dinero, además que emisiones de CO2. Concretamente, se ha calculado un ahorro potencial de energía de hasta un 15% gracias a medidas que no requieren ninguna inversión.

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