Eva M. Rull

Eva M. Rull

Eva Martínez Rull es periodista freelance de medio ambiente.  Como profesional, colabora desde hace años en el área de medio ambiente del dominical "A Tu Salud" de La Razón y ha tenido el honor de haber sido galardonada con el Premio del Club Español de la Energía en 2014, en la categoría de Innovación. Como periodista o "cuenta historias” , como se auto-denomina ella, explicar a los demás lo que sucede en el mundo es lo que la motiva para interesarse por él. Adora la información científica y los temas "friquis"; muchos de ellos son el futuro.

Ahora que se habla tanto del aceite de palma en alimentación, se acaba de presentar en el Congreso de los Diputados el documental "Frontera Invisible", sobre la expansión de la palma en Colombia a consecuencia de las políticas de apoyo al diésel de aceites vegetales. El principal destino de dicha palma es Europa.

El documental ha sido realizado por Nico Muzi, de la ONG Transport and Environment y cuenta la situación actual del aceite en el país. Y es que el uso de aceite de palma para la elaboración de biodiésel continúa creciendo en la Unión Europea. Durante el año 2015 se importaron en la Unión Europea un total de 3,35 millones de toneladas de aceite de palma para la producción de agrodiésel, lo que representa el 46% del total importado. Para lo que es necesario dedicar cerca de un millon de hectáreas de tierras tropicales para su cultivo.

Lo que se pide desde esta organización, así como desde otras plataformas como Ecologistas en Acción es que a partir de 2020 desaparezcan estas fórmulas de las estaciones de servicio. "A pesar de las promesas que había hecho la Comisión Europea de eliminar los biocombustibles hechos a base de productos alimentarios a partir de 2020, una propuesta de proyecto recientemente filtrada propone reducirlo hasta que constituya un máximo el 3,8% del combustible utilizado en Europa para los transportes, tan solo 1,1 puntos por debajo del actual 4,9%. Es necesario que la Comisión cumpla esta promesa y proponga una eliminación del biodiésel de aceite de palma y de otros vegetales para el año 2025, y del etanol elaborado con biomasa para 2030. Con estos plazos, la industria tendría tiempo suficiente para recuperar las inversiones y llevar a cabo la transición a una producción de biocombustibles de segunda generación", explican desde la ONG.

Sólo en Inglaterra, cada año se producen unas 45.000 toneladas de residuos de productos de higiene íntima como pañales o compresas. Unos residuos que son complicados de tratar debido a la humedad que retienen en su interior. Esto hace que acaben siendo incinerados, utilizando para ello mucha más energía de lo normal, o que se entierren en vertederos hasta que se descompongan en unos 500 años. 
 
Sin embargo, ahora pueden convertirse en un combustible más para producir electricidad o calor. Así lo afirma la compañía inglesa PHS que estima que para 2017 podrá transformar este residuo en fardos compactos para ser quemados en cualquier central eléctrica. La firma explica que gracias a un nuevo sistema que acaba de patentar, el material se tritura y compacta para retirar el líquido residual y después sólo habría que esperar a su secado para poder envasarlo y llevarlo hasta los centros de producción eléctrica. 
 
Según publica la prensa inglesa, cada año se tiran en Reino Unido 3.000 millones de pañales, mientras que una mujer de media compra unos 11.000 tampones durante toda su vida.

Nueva yorkSe calcula que hasta 1.000 millones de aves mueren al año en Estados Unidos a causa de la iluminación nocturna. Las luces eléctricas desorientan a los pájaros (de distintas especies, desde gorriones comunes a ruiseñores o la reinita cerúlea) que terminan chocando contra las altas construcciones de las ciudades. Nueva York se encuentran justo en medio de una de las principales rutas migratorias hacia el Atlántico. Es por eso que Andrew Cuomo, el gobernador del Estado, ha dictado la orden de apagar los interruptores de los edificios, al menos de aquellos de propiedad pública, para dar a los pájaros más oportunidades de cruzar la ciudad sin incidentes.

Las luces se apagarán desde las 23.00 horas hasta el amanecer y desde el 15 de abril al 31 de mayo. Se sabe que en estas fechas primaverales hay mayor afluencia de aves que llegan desde el noreste del país con intención de empezar la estación de apareamiento. Muchas especies vuelan por la noche y aprovechan la luz de las estrellas para orientarse, por lo que las luminarias de la ciudad las confunden.

Se volverán a apagar a su vuelta hacia el Caribe, del 15 de agosto al 15 de noviembre. Quien viaje a la ciudad de los rascacielos en estas fechas, encontrará edificios tan emblemáticos como el Rockefeller Center o el Chrysler, sin iluminación. Otras ciudades americanas, como Baltimore, Chicago, Minneapolis o San Francisco, participan en la misma iniciativa, conocida como “ligths out program” y puesta en marcha por la Sociedad Nacional Audubon.

Luminarias nuevas energiasLa investigación en el ámbito de la iluminación sigue produciendo patentes e inventos para obtener dispositivos que emitan luz minimizando el impacto medioambiental. Uno de los campos de estudio se basa en la utilización de microorganismos con capacidad de emitir luz. La bioluminiscencia es un fenómeno muy extendido entre bacterias, hongos, gusanos e insectos; algunos de ellos generan luz como consecuencia de una reacción en la que se transforma la energía química en energía lumínica. Dos investigadores españoles de la Universidad de Sevilla, Eduardo Mayoral e Isabel González Díez, han abierto una línea de investigación sobre bioluminiscencia aplicada al diseño, y han patentado dos procedimientos de cultivo y varios prototipos que emiten luz sin consumo eléctrico, alimentados por poblaciones de microorganismos bioluminiscentes, para iluminación ambiental y señalización.

Se han utilizado para la investigación dos tipos de microorganismos. Por un lado, las bacterias Vibro fischeri y por otro las microalgas Pyrocystus fusiformis. Ambas especies siguen un ciclo circadiano para emitir luz; es decir, durante un número determinado de horas no la emiten y durante otro sí (día/noche). Se eligieron porque son relativamente fáciles de cultivar y porque al ser microorganismos permiten más libertad para diseñar la forma de los prototipos en los que se alojarían. Las primeras emiten luz tenue de forma constante cuando alcanzan un número determinado gracias a un fenómeno denominado quorum sensing. Pueden crecerse en medio líquido o gelatinoso si se les suministran nutrientes. Las segundas emiten más luz, pero sólo cuando se excitan mecánicamente y se cultivan en agua marina con sales y nutrientes. Como son fotosintéticas, es más fácil mantenerlas vivas.

"Se hacen cultivos hasta que las poblaciones crecen para después introducirlas en los prototipos que se han diseñado previamente en función de las características de cada una de las especies de microorganismos. Generalmente, comienzan a crecer a las cuarenta y ocho horas y suelen empezar a emitir luz en un período comprendido entre dos y siete días. La luz que emiten estas dos clases de microorganismos es menos intensa que las de las luminarias artificiales tradicionales, pero podría ser útil para iluminación ambiental o señalización. En todo caso, el uso de dispositivos bioluminiscentes alimentados por microorganismos presenta tres grandes ventajas: no se consume electricidad para emitir luz, no generan impacto negativo en el medio porque son completamente biodegradables, y no se consume energía ni se emite CO2 durante su proceso de fabricación", explica Mayoral.

Los investigadores han diseñado además varios prototipos para cada especie de microorganismo. Todos ellos han sido fabricados con bioplásticos reciclables. Para las bacterias Vibrio fischeri, se diseñaron unos tubos flexibles transparentes y unas estructuras con celdas. Los primeros podrían servir para iluminar y delimitar espacios naturales y los segundos para señalizar elementos. Para las microalgas Pyrocystis fusiformis, se han diseñado volúmenes transparentes cilíndricos y estructuras pixeladas. Los primeros podrían servir para iluminar espacios públicos y las segundas como soporte de pantallas o para iluminación de elementos superficiales como paredes o fachadas.

Martes, 27 Enero 2015 11:39

La torre que produce agua potable

Wark Water es el proyecto ideado por un grupo de diseño, Architetture and Vision, liderado por Arturo Vittori y Andreas Vogler, para solucionar el problema del agua potable en ciertas áreas geográficas. En pleno siglo XXI, la mayor parte de los habitantes del norte y el este de Etiopía tienen que recorrer largo kilómetros a pie cada día para acceder a alguna fuente de agua. Es lo que descubrió el equipo durante un viaje a la región; la forma de vida de quien no cuenta ni con agua ni con electricidad ni servicios higiénicos. La población de Etiopía alcanza los 94 millones de habitantes, de los que sólo el 44 por ciento tiene acceso a agua potable. Aproximadamente 54.000 niños mueren cada año directamente por diarrea, según datos de Unicef.


La solución que presenta la empresa es un torre de nueve metros de alto y tres de ancho, con un esqueleto semirígido hecho con bambú y una red de nylon, dos materiales y una forma de construcción tan sencilla que cualquiera la puede montar en menos de una semana. La torre Waka funciona aprovechando la diferencia térmica entre el día y la noche. El aire se condensa en gotas de agua que se depositen en las fibras internas de la estructura. Una vez caen hasta la base de la torre se transportan por una canalización hasta una fuente. Cada una de ellas tiene capacidad para recolectar entre 20 y 30 litros de agua en una sola noche y podría cubrir las necesidades vitales de una familia de siete miembros.


De momento, su idea se ha materializado en un prototipo, que podría instalarse en algún punto de Etiopía. El precio de instalación de su invento, según la empresa, rondaría los 400 euros, frente a los 10.000 que cuestan las bombas extractoras.

Miércoles, 17 Diciembre 2014 09:53

Un parque subterráneo para Nueva York

Parque subterraneo en Nueva YorkEl proyecto Lowline de Nueva York tiene todos los ingredientes para convertirse en un ejemplo de éxito empresarial verde del siglo XXI. Su equipo fundador combina la preocupación medioambiental con un enorme interés por la aplicación de nuevas tecnologías y una media de edad que no supera los 35 años.

Además, tiene tintes de responder a ese nuevo modelo de economía circular del que tanto se habla, ya que sobrevive gracias a los fondos recaudados en la modalidad de crowdfunding o financiación masiva.El equipo, encabezado por James Ramsey y Dan Barasch, detectaron un problema; la falta de espacio, sobre todo verde, en la ciudad de Nueva York... se calcula que para 2030 la población de Manhattan aumentará en unos 300.000 habitantes.

Como en algunas de las más clásicas historias de grandes descubrimientos, la solución al problema les llegó por casualidad. Uno de los fundadores descubrió que bajo el subsuelo del bario en el que vivía, Lower East Side, uno de los más antiguos de la ciudad, existía una vieja estación de tranvía abandonada.

El viejo espacio, de 6.000 m2, pertenecía a una antigua terminal inaugurada en 1908 y en desuso desde finales de los años 40. Viendo el éxito que estaba teniendo el parque High Line (un área verde que aprovecha unos antiguos raíles y que abrió al público en 2009) en otra de las zonas de la ciudad, decidieron invertir parte de su tiempo en idear una solución tecnológica que permitiera llevar la luz del sol hasta el interior de la tierra para convertir la estación en una nueva zona pública.

El equipo de diseño presentó un primer prototipo a escala de su tecnología en 2012. Su invento se basa en una especie de claraboya solar. “La luz del sol pasa a través de un protector de vidrio, situado por encima de un colector parabólico. Este refleja la luz y hace que se concentre en un uno focal para redirigirlo hacia el subsuelo. Este sistema permitiría el paso de la luz necesaria para garantizar la correcta fotosíntesis de las plantas y, por otra parte, haría innecesaria la luz eléctrica en los periodos de mucho sol”, explican desde la compañía. El éxito de su primer prototipo fue tal que consiguieron de 3.300 personas unos 120.000 euros. Ahora esperan el permiso del ayuntamiento para poder abrir al público en 2018. De momento, lo que está claro es que en 2015 inaugurarán un laboratorio de trabajo para seguir experimentando y enseñando su invento.

Lunes, 03 Noviembre 2014 01:00

Bolsos de piel de pescado

Según los datos de la Organizazión de las Naciones Unidas para la Alimentación (FAO), la captura de pescado a nivel mundial ha pasado de los 90,8 millones de toneladas en 2008 a los 91,3 en 2012. Sumando los de piscifactoría a los de captura, el total de pescado para consumo humano ha pasado en un lustro de los 117,3 a los 136,2 millones de toneladas. Unos datos nada despreciables, sobre todo si sumamos una cifra más, ésta última publicada por el diario The Guardian: "por cada tonelada de filetes de pescado se obtienen hasta 40 kilos de piel desechada". Estos descartes, hasta hace muy poco terminaban convertidos en pienso para animales. Sin embargo, a los fabricantes de comida para mascotas y ganado les ha salido un duro competidor, la industria de la moda. Firmas de alto copete como Prada, Dior o Ferragamo ya incluye en sus catálogos complementos de piel de estos animales. Y no sólo de fuera llegan las ideas.

Bolso piel de pescadoLa empresa española Idunn ha sido pionera en este sector y lleva desde mayo de 2014 volcada en su colección de bolsos de piel de pescado. Algo que ellos consideran una alternativa mucho más razonable y ecológica al hecho de matar serpientes o cocodrilos sólo para usar su piel. En su caso, utilizan solamente residuos de animales que ya se están empleando para consumo humano. Es decir, reciclan un material que de otra forma sería un residuo. De hecho, sólo utilizan para sus diseños salmón, perca, bacalao y wolfish, una especie muy utilizada en el norte de Europa. Es precisamente de esa zona de donde proviene su materia prima, ya tratada (por lo que no huele) y teñida. "El proceso seguido para su curtición y tintado respeta el medio ambiente, el agua caliente utilizado proviene de fuentes geotérmicas y la energía de una central hidroeléctrica renovable", explica Vanessa Leiva, del equipo fundador de Idunn, sin delatar el nombre de su proveedor.

Parece que en el norte de Europa, el trabajo de manipulación de este material ya está profesionalizado desde hace algún tiempo y que la acogida del pescado como alternativa a la piel de vacuno empieza a extenderse. Los productos de la empresa, matiza Leiva, se completan con algodones orgánicos y vacunos de curtición vegetal, es decir, sin cromo, que se sustituye con taninos vegetales. Unas alternativas menos contaminantes que este nuevo sector de la piel de pescado todavía no ha incorporado.

Los modelos que diseñan son de pequeño y mediano tamaño porque las piezas de pescado no abultan lo mismo que el lomo de una vaca y sus precios rondan los 100-150 euros. Quizá hay quien piense que es caro, pero la moda eco o slow fashion ofrece garantías de la proveniencia y producción natural de las materias primas y como en este caso que "el producto esté enteramente hecho a mano en dos talleres de Madrid", termina Leiva. Para quien no se atreva con los peces, la firma propone también una línea de complementos realizados con bolsas de café.

Parece que el mar está de moda. Si no que se lo digan a Pharrel Williams, el cantante de happy, quien se ha unido a G-Star para sacar una línea de ropa deportiva hecha con los plásticos extraídos del mar.

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